La mañana de un
lunes te busqué
en el kiosco de
revistas y de diarios
con mujeres
jóvenes y viejos que vuelven de comprar los remedios
con estudiantes
y policías
con taxistas
con empleados
en el supermercado
una tarde de domingo
en la góndola
de artículos de limpieza donde compré:
cera oscura, un
trapo de piso, pastillas antipolillas
chocando mi canasto
con el carrito de una lejana amante de ocasión
que alguna vez
me cogió con el sabor de la resaca
saludándola con amabilidad sonriéndole ajeno
saludándola con amabilidad sonriéndole ajeno
te buscaba
mirando a todas partes
entonces ella se
despidió
ya no tan
amablemente y se fue
de la góndola
del papel higiénico con su compra del mes,
yo recorrí el
supermercado y todas aquellas tardes de domingo
llegando a los
bares del barrio de los estudiantes
pero cada vez
más viejo
cada noche más desesperado
y más borracho
te busqué en el
fondo de los vasos en botellas insuficientes en las mesas
donde conversan
alegres las hermosas exponentes de la flor de la juventud
hurgando en el
aire vigilando como un francotirador
en los
cuchitriles donde personas salidas de relatos de ficción
acuden ansiosas
y ultimadas
a recibir el
poderoso estímulo ilimitado
el embate veloz
de la vitalidad
entre el humo
te busqué perdiéndome también en sus brazos
en su sudor
en la geografía
de una espalda con lunares movedizos
en sus bocas
que muerden y en sus fluidos vaginales me perdí
en sus culos
flacos
en sus rodillas
sangrientas
en sus
alucinaciones
te busqué en
sus vertiginosas habitaciones giratorias
y en trabajos
que pagaron el alquiler y los lujos de la actualidad
en modos de
vivir bajo los rigurosos mandatos del progreso humano
y ahí tampoco estuviste
vos
en el cobijo
cálido del cuerpo cansado de mujeres derrotadas y entregadas
donde eyaculé
la sangre de mis heridas en cogidas urgentes y desesperadas
en
conversaciones implacables en relatos imposibles en poses repetidas.
En las aulas donde
se imparte el conocimiento
y alumnitos
intentan conocer el perfume liberal
de las chicas estudiantes
de arte
no estabas
sentada en los bancos
donde se
planearon hermosas revoluciones.
Como un huérfano
te busqué en
días de semana en los bancos de los cines de las plazas
en angostas
calles nocturnas en madrugadas calurosas
en almacenes de
barrio en videoclubes en farmacias de familia
y una vez más
en bares cada
noche perdí la noción y mi dinero y el camino de regreso
en el negro verde
de botellas voladoras
ahogado en el vómito
de un miércoles a la mañana
cuando los
hombres dan un beso a sus esposas
llevan a sus
hijos a la escuela y salen a trabajar
yo encontré un
charco de desechos propios
que me acogió y
me dio calor.
qué decirte? qué decirte? como una patada en los huevos así pegándole con tres dedos: al ángulo, allá abajo, a la ratonera...insuperable, justo para días como hoy
ResponderEliminarme gustó mucho, mucho gordito querido
ResponderEliminar