Cuando niño soñé
con un cadáver
acostado en las
noches junto a mí
y besar su boca
de ángel
amasar sus
tetas blancas de madre de virgen de mujer.
Soñaba con
tenerla sólo para mí
y no podía
imaginarla de otro modo
que no sea
muerta
como una
incorrupta muñeca de carne y piel.
Teniendo en
cuenta la distancia que nos separa
de aquel tiempo
de ternura y perfección
les confieso en
este punto
que no recuerdo
si yo deseaba una mujer
o sólo un
cuerpo
de mujer.
Lo que no
podrán negar ustedes
son las
convicciones
y es que el
niño que yo fui
no podía imaginar a otra
no podía imaginar a otra
que no fuera
Eva Duarte de Perón
la expresión final
del esplendor
en una cama de
abuelos
dócil y con sus
pezones rosados
y era el
paraíso para mí.
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