Sobre El origen de la tristeza, de Pablo Ramos.

Recién termino de leer El origen de la tristeza, de Pablo Ramos. Esta novela me acaba de responder porqué hago lo que hago y me dedico a lo que me dedico. El arte le salva el alma a los hombres, les exige el corazón. Y es necesario que quienes hayamos sido elegidos para esto no le esquivemos el bulto. Verdaderamente no cualquiera puede hacer lo que nosotros hacemos, y cuando somos elegidos, ya no podemos elegir hacer otra cosa. No tenemos opción porque se nos despoja de las herramientas necesarias para hacer cualquier otra cosa. Porque la misión es grande e involucra el corazón y el alma, no sólo de nosotros, si no también de los demás hombres que empeñan su vida en trabajos que mantienen funcionando la maquinaria sobre la que se sostienen nuestras rutinas. Ellos también, como nosotros, están condenados a hacer lo que hacen, y de la misma manera que nosotros no podemos realizar tareas como las de ellos, ellos no pueden renunciar a lo que hacen para dedicarse a nuestro oficio. Nacemos con un corazón, y ese corazón es lo que somos. Y aunque porfiemos en ir para otro lado, llevamos atado el corazón que no nos deja alejarnos por mucho tiempo. Y en el tiempo en que nos alejamos, la tristeza se apodera de nosotros, y todo afuera y adentro se entristece, porque pareciera que el corazón mismo se nos estuviera secando. 
Las últimas páginas de El origen de... llevan una intensidad arrolladora, capaces de secuestrarte de donde estás y meterte bien adentro de la historia que humilde y grandiosamente cuenta. Hay una metáfora que me gusta mucho, y con la que intento siempre describir cuando alguien está realizando una tarea con la mayor maestría que pudiera existir, y esa metáfora tiene que ver con el sexo. 
Creo que no hay cosa más grande que el sexo. O que si pudiéramos identificar y distinguir las pocas cosas que elevan al hombre al nivel de dioses, que elevan la vida a esos momentos en los que se justifica a sí misma, una de esas cosas sería el sexo. No tengo ni una duda en esto, y acá no tengo otra manera de explicar lo que estoy viendo en el autor de esta novela en sus últimas páginas. Sabiendo que está finalizando un relato magistral, llegando a un dominio de su oficio casi absoluto, Pablo Ramos está cogiendo con la actividad que le demanda su corazón. Pensemos en la cogida más intensa, más maratónica y enardecida. Apenas podemos imaginarnos lo que pasaba en esos momentos en que el autor escribía esas últimas páginas. 
La perfección es un absoluto. Y como tal, es un lugar de privilegio que se consigue cuando un hombre se ha concentrado de tal forma que todas las armas con las que cuenta se han dirigido hacia una meta. La literatura, en Pablo Ramos, no parece ser un trabajo al que el escritor tenga el deber de dedicar esfuerzo, si no que parece una necesidad vital, y él mismo lo ha expresado de manera similar varias veces. Acá parece que la única forma de vida fuera la literatura. 
Sólo alguien que respire literatura, que esté en posición vigilante, de guardia las veinticuatro horas del día, absorbiendo la vida como una materia prima con la que construir historias y sacar lo que está pidiendo a gritos salir, para convertirlo luego en una obra de arte, en una novela, puede alcanzar un triunfo de este calibre. Y como cualquier hombre caminando sobre absolutos, no hay término medio: la gigantesca narrativa que desarrolla no es una meta, una narrativa inferior no lograría librarlo de sus demonios. 
Creo que la literatura es más forma que fondo. Pienso que el pellejo de un escritor se juega en la manera en la que dice, en la que hace decir, en la que relata, sirviéndose de la historia. No importa lo que construye, importan los medios con los que construye, el cómo lo está construyendo. Lo que cuenta, esa historia, siempre podría ser una más en la pila de historias que los hombres tienen necesidad de contar. Es la maestría en el uso de las formas del lenguaje lo que hace que un escritor pueda sacudir el intelecto y el alma de otra persona. Porque cuando uno lee a Ramos, aprende. Aprende a escribir, por supuesto. Ramos es una materia universitaria en sí mismo, y académicamente es más que eso. Pero además se aprende a vivir. Leer sus novelas o sus cuentos pareciera que, al menos en mi caso, hubieran elevado mi experiencia de la calle, o al menos me dieron hambre de más. De más calle, de más vida. 
¿Por qué trabajo de lo que trabajo? ¿De qué manera puedo sostener esta clase de trabajos? Pablo Ramos parece respondernos. Lo hago porque es lo único que puedo hacer. Puedo elegir mudarme de casa, el color con el que voy a pintar mi mesa, qué cosa voy a comer hoy, incluso quiénes son mis amigos, pero no puedo elegir estar trabajando en otra cosa, porque esto es para lo que me fabricaron. Y es por eso que tengo que sostener este trabajo de cualquier manera, porque sostener este trabajo encierra la única clave para sostener la vida misma. Nos dedicamos al arte, a la creatividad, a la expresión, al desarrollo de momentos, porque no sabemos hacer otra cosa. 
Yo no te puedo decir todo lo que dice El origen de... Hay algo de verdad en esa frase tan repetida de que cada lector encuentra diferentes cosas en cada obra literaria. El libro relata el último aliento de la infancia de un pibe en un barrio de clase trabajadora en Argentina. Tiene giros excelentes y por momentos me reí, por momentos me dejé ganar por la angustia, y casi siempre se me escapaba un -pero qué hijo de puta, empapado de esa admiración que me generan pocos autores, ésos que parece que hicieran lo que quisieran con las letras. De los jugadores de fútbol súpertalentosos decimos que hacen lo que quieren. Como decía, cada obra nos puede decir muchas cosas, y distintas a cada uno. Entre otras, a mí me dijo que uno no elige su oficio, es el oficio el que lo elige a uno.

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