Un pigmeo hecho de chimi churri
Luego de los
títulos, un hombre está sentado en un inodoro en un baño de estación de
servicio. Sabemos que es el baño de una estación de servicio por la mugre, por
el ruido de fondo, porque no hay bidé ni papel higiénico. Lo sabemos porque el
tipo está apretado por dos paredes de esa imitación de madera revestida de yo
no sé qué cosa con la que se hacen los baños públicos. El pobre hombre hace
fuerza como si estuviera pariendo, apoyándose en las paredes y lagrimeando como
un chico. Podemos oír los ruidos que realiza en su afán, ruidos estomacales,
ruidos que salen por el culo. De repente la escena es intercalada por otra, al
parecer inmediatamente anterior, en la que este hombre es perseguido por una
banda de cacos que parecen querer vengar alguna ofensa. El tipo corre más
despacio que los malandras, pero ellos están pasados en droga o en escabio, no lo
sabemos con precisión, pero es algo que no les deja correr tan rápido como
podrían, y en ese caso, darle la tunda de palos que desean. Vuelve la escena al
baño. Las manos le transpiran y se le resbalan por esas paredes tristes y uno
puede sentir que hay un olor espantoso saliendo de ese recto anal, un hedor que
invade ese cubil indigno y siempre nauseabundo, y que acompaña los ruidos
portentosos que se oyen a la distancia.
Ya se han ido
dieciséis chicas de la sala en donde proyectan la película, y doce pibes.
Por fin
nuestro hombre en el baño logra expulsar los primeros vagones del cargamento y
ahí sí, ahí sí que se desata el tiroteo. Una batería de pedos con las
explosiones de disparos acompañan al vaciamiento intestinal y en un hito de los
efectos especiales, podemos ver con el detalle de un primer plano, la aparición
de la materia fecal, de la mierda, que aparece a la vida, que ve la luz por vez
primera aunque sólo por unos segundos, y cae
lentamente
y se sumerge
se zambulle se da un feliz un tierno chapuzón
en el agua
que la
conducirá que la llevará
irremediablemente
a ese espacio
infernal y eterno que llamamos pozo negro.
A mí me
parece que son pedazos de maíz masticado lo amarillo que destaca en el marrón
noble del sorete en primer plano y se lo comento a mi cita.
-¿Eso es
maíz, no?
Pero mi cita
ya se ha ido, mi cita es la chica número diecisiete que salió del cine, sin
hablar, sin saludarme, sin decirme -Che, me voy, soy una forra y esta película
me da asco.
Mi cita está
fumando un pucho en la puerta del cine, comentando con otros cómo puede ser,
cómo es posible que alguien proyecte eso, cómo puede ser, cómo es posible que
alguien quiera ver eso, que una persona disfrute de eso. Concluyen, por fin, que
sólo gente que esté enferma puede mirar eso sin llenarse de asco y salir.
Se preguntan
unos a otros cómo puede ser, cómo es posible
que un cine
muestre eso
que un cine
MUESTRE
eso.
Terminan el
pucho y mi cita ya es la cita de otro, con quien está yendo a comer a alguna
parte, y el flaco pagará todo, como es debido, como corresponde, porque así
debe ser, porque así se estila y no hay posibilidades donde lo pensemos de otra
manera. Tal vez hablen del amor, tal vez cada uno relate sus experiencias del
pasado, quizás se den algún beso torpe, primerizo y nervioso. Nosotros no
podremos saberlo ahora, no nos vamos a enterar, pero no hacemos caso porque en
la pantalla, en un baño de estación de servicio, un tipo de 50 ó 60 años está
cagando un pigmeo hecho de pimientos y ajíes fuleros y chimi churri. Nos
olvidamos y en un instante dejamos de lado a mi cita porque está naciendo un
ser sobrenatural hecho de chimi churri que es parido por el culo de un hombre
trabajador y cuyo destino es una existencia sin final en el inframundo de los
desaparecidos.
Pero detengámonos
en este punto: mi cita (que ahora ya es la cita de otro), a quien desde ahora y
para siempre llamaremos VARIABLE QUETEVIOLEUNMONO, no se ha sentido ofendida
por la escena en sí misma. No es el acto en donde se libera la materia fecal lo
que ha provocado el estupor de Variable Quetevioleunmono. No es, tampoco, el
detalle con que se relata el esfuerzo y el logro. No son los cacos, no es la
persecución, no es la suciedad del baño, no es la estrechez ni la
transpiración, no son los ruidos. En toda esta milonga, lo que hierve la sangre
de Quetevioleunmono es la exposición. La exposición explícita, en pantalla
gigante y en alta definición, del elemento cuya existencia ella niega
rotundamente.
A ver,
pongámonos de acuerdo: Variable Quetevioleunmono NO CAGA.
Ella no caga,
no se tira pedos, no se saca los mocos. Más aún, ella no conoce qué es cagar, no
sabe qué es sacarse los mocos y nunca le contaron qué es un pedo. Que quede
bien claro: el sistema digestivo de Variable Quetevioleunmono es una maravilla,
un aborto fantástico de la naturaleza que le permite comer cualquier cosa y
luego sudarla inmaterial e inodoramente. Mientras nosotros, pobres
desgraciados, tenemos que andar cagando por ahí como animales, ella transforma
los deshechos alimenticios en oxígeno, con lo que lejos de importunarnos, nos
da vida.
Por supuesto,
llegará un día en que el hombre que caga un pigmeo picante en un baño de estación
de servicio luego de ser perseguido por patoteros que quieren ajusticiarlo, saldrá
de la pantalla e irá tras sus pasos. Cuando la encuentre, la va a secuestrar, a
ella y a todos los que salieron del cine hace unos minutos, y los va a atar a
unas camas inmensas, para luego ir cagando sobre la cara de cada uno, unos
hermosos enanos de jardín que irán deshaciéndose y entrando en sus bocas.
Quizás eso sea lo que les permita cagar, quizás eso sea lo que nos libere del
fascismo del kitsch totalitario.
Y sucede
entonces, el milagro. El prodigio con el que trae aquel día profético al
presente.
Salta el
hombre de aquel desdichado inodoro y comienza a hacer una fuerza de otro tipo,
de otra naturaleza, una fuerza desconocida por nosotros. A lo lejos se escuchan
los gritos de la patota justiciera que se acerca en tropel. Ya se los oye más
cerca, amenazando a los playeros, buscando entre los autos, y el tipo sigue ahí,
haciendo cada vez más fuerza en el pequeño espacio donde se encuentra y de
repente, sin romperse la tela donde se proyecta la imagen ni advertir
separación alguna entre nuestra dimensión en la que existimos y su dimensión
donde transcurre la película, súbitamente salta y aparece entre nosotros, que
no podemos comprender cómo ha pasado, si todo esto no estuvo armado, si en vez
de pantalla no había una escenografía. Pero en medio de nuestra conmoción, el
hombre desaparece de entre nosotros dejando tras de sí una estela de olor a
mierda real como esta butaca desvencijada donde estoy agazapado.
Si no sabíamos
dónde estaba mi cita, él la encuentra, a no muchas cuadras del cine, comiendo
unas quesadillas muy ricas, tomando un vino, conversando sobre política, ellos
dos haciendo la revolución sentados en un la terraza de un bar, reivindicando
los derechos de los trabajadores mientras ansían chuparse y penetrarse,
maldiciendo a los dictadores.
Cuando lo
ven, ya lo saben: están listos. Sin pagar se levantan de su mesa y aceptan su
condena. El hombre los conduce hacia el cine de nuevo y los acuesta debajo de la
pantalla (en caso de que efectivamente haya sido una pantalla, en verdad esto
sí que nunca podremos develar), en un altar como ésos de sacrificios, donde los
desviste y los lame y los mea y los caga, todo rápido, todo como parte de un
ritual preliminar, porque lo más importante es lo que viene. Entonces ellos se
acuclillan y comienzan a embarrar sus pies con la mierda sagrada, y gritan.
Gritan que de ahora en más nunca más negarán la mierda, que ya no negarán que
existe todo aquello que consideraban hasta hace instantes como inaceptable.
Gritan, como si fueran manifestantes, que todo aquello que hacemos en soledad,
lo hacemos todos.
Ya para ese
momento estamos todos emocionados, llorando, abrazándonos. Ya nunca volveremos
a sentirnos solos haciéndonos la paja, ya nunca más retorceremos nuestros
cuerpos para evitar que salga un pedo, negando aquello que nos hermana,
sintiendo la vergüenza de tu fascismo.
Publicado en el número 16 de Dadá Mini, revista de arte. Agosto de 2011.
que bárbaro, esto me da gusto.
ResponderEliminarestimado, le hice una mención y un enlace en mi blog: http://noestoylocoelmundoestaloco.blogspot.com.ar/
ResponderEliminarlo felicito nuevamente.
Slds.
Hola Julio, gracias por la buena onda y el agite!
EliminarAbrazo.
Esto si que es una mierda! De la buena!
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