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Foto de domingo


En el edificio del frente un chico escribe en una notebook
tiene puesta una remera naranja
y se saca un moco
mirando fijamente la pantalla.
En la esquina la heladería exhibe sus ofertas
en un pizarrón verde
pequeño
como los pizarrones de juguete
de la infancia.
Pasa una chica en una vespa rosa en dirección hacia Plaza España
pasa un auto con un mueblecito atado en el techo y cruza
con otro que lleva una escalera en el techo.
Es domingo, imbécil
¿a dónde puede alguien
ir un domingo
con una escalera?

El velo de tranquilidad


Dos hombres corren en una tienda de artículos para el hogar
corren desde la sección cocina
riendo soleadamente
en dirección segura hacia una simulada habitación en donde se tiran
a regodearse en una vitalidad que explota
en una cama de ensueño sobre un plumón verde como una pradera en una mañana de noviembre
en su carrera han sido detectados por amas de casa y por familias enteras
por guardias de seguridad y vendedores especializados en grifería
atónitos y narcotizados por la energía de la unión de un hombre y un hombre
que corren como niños en un parque de diversiones
y se tiran en una cama mansa que los recibe en sus brazos
se dicen las palabras amables propias de los hombres que vuelan
y todos escuchan con atención
escondidos detrás de los armarios y acuclillados tras las mesas de luz como trincheras en oferta
poniendo todo su esfuerzo en oír las palabras que se dicen en la cama
entonces sienten confusión primero
y después vergüenza
uno al lado del otro
y finalmente no pueden evitarlo
y se abalanzan sobre la pareja que ajena a todo
descubre las posibilidades de la existencia
caen uno tras otro sobre ellos y se desata la matanza
que les devolverá por fin
el velo de tranquilidad.

El fallido hombre de bien - parte 1


¿Por qué escribir poesía?
¿Por qué alguien
se tomaría el trabajo?
La poesía / se escribe para vivir
para decir
que uno de estos días
cualquiera
se puede pegar un tiro
en defensa propia
contra todos.

Días felices


Soy algunos / encontrándose
antagonistas.
Uno de los éstos que yo soy
uno muy real / e indiscutible
considera que en el mundo
existe una / y solamente una / persona
yo
pura suerte / y privilegios.
Soy ciego a los demás seres humanos
mayormente
aquéllos infelices / caídos en desgracia / amantes de su patria / y de su desdicha.
No reniego de mi suerte / la grito
conciente indiferente alegremente
y si tengo orgullo / es sólo por esta clara / falta de mérito
que otro
arregle al mundo / y sus injusticias
no hay prójimos
en este / mi lugar
donde sólo quiero / ver gente ardiendo
objetos hermosos / veloces / felices.

Los grandes hombres


Los que cumplen con la palabra empeñada
los que consiguieron todo con esfuerzo
los que dan la mano como hombres
los que reconocen el valor de un buen sastre
los que dejan respirar al vino
los que valoran el buen servicio y dan generosas propinas
los que a mí nadie me regaló nada
los que de toda la vida
los que vayan a laburar
los que el que quiere celeste que le cueste
los abanderados y los que dan el discurso de colación
los que fueron antes de que fuera cualquiera
los grandes hombres que construyen el progreso y motorizan la economía
los que sangran en sus manos
los que dan trabajo
los que tienen todo planeado
los que acá se come bien
los que prefieren ser cola de león
los incansables luchadores del nac&pop
los que dan la discusión
los que disfrutan el buen arte
los que a buen entendedor pocas palabras
los que cultivan y practican la gran magnanimidad y tratan como iguales a negros y a empleadas
los que sienten la grandeza y los domingos agradecen al Señor.
Se sentaron en la mesa todos a la cabeza
a establecer los pétreos designios
del mandato moral.

Tres poemas para mis putas · 2


La de barrio comercial

La cama de caño
las sábanas blancas
la negociación
recuerdo el miedo
las paredes despintadas
el vértigo
el revoque en el piso de baldosas rojas
la mesa de luz con un vidrio roto
la luz amarilla
mi temor a las enfermedades
yo pensaba en narcotraficantes
en muertes azarosas y baratas.

Sacó un forro y me lo puse con urgencia
había entrado con la pija dura
y con una decisión inquebrantable
ni todo el terror del mundo
iba a evitar
que yo cogiera por primera vez en toda mi vida
que yo cogiera en diez segundos y por siempre.

Anoche vimos porno con María


Anoche vimos porno con María
ella reía
consigo misma o de sí
viéndose desnuda.
Yo le confieso a María
cuando le dedico una paja en el campo
mirándola mirarme
y ella hace un gesto
pegadito a la emoción
empapándose de orgullo.
Estamos en la era del porno de hogar
estamos corriendo
en la cresta de una ola
captada en celulares.
Ella reía y quería ver más
yo de pronto me aburrí
me di vuelta
y quise dormir.
María dijo
que es de perdedores
dormirse sin coger

yo ya soy un perdedor
le dije

y me dormí.

El contraste


No podíamos decidirnos
si estábamos calientes
o cagados hasta el cuello.
Parecía una excursión
negociada por una vieja y un remisero.
Cuando el tipo volvió, nos pidió la plata
diez pesos por cabeza y pasábamos todos.
Éramos cuatro, entré segundo
algunos minutos después
de haber entrado el primero.
Cuando salió, escudriñé su cara
como un mapa que me indicara
por dónde
tendría que ir
qué era lo que me esperaba
cómo saldría yo.
Tenía puesta una remera que mi mamá me había comprado
en las tiendas de ropa infantil
y al entrar pensé
en el contraste de la remera
con el lugar donde yo estaba a punto
de ensayar el placer.

Tres poemas para mis putas · 1


La que disputé y gané primereando

Con el Pardo estábamos enloquecidos
tenía un vestidito blanco en red
y nosotros veníamos del casino
de ganar como quinientos pesos cada uno
nos habíamos comprado unos vinos
y los habíamos tomado con coca en una vereda
sintiéndonos invencibles.
El vestido hablaba
con los viejos acodados en la barra
oblicuos como árboles muriendo
a punto de caer
secos y sedientos
comidos por las hormigas de la soledad.
Nosotros nos debatíamos nerviosos el uno con el otro
discutiendo quién iría primero
mirándola sin cerrar trato con nadie.
No me pregunten cómo ni cuándo
pero sin darme cuenta estuve ahí
hablándole al oído
como un infalible galán
hablándole con la verga.
Primereado, el Pardo me miraba
no puedo decirles qué fue lo que dije
pero inmediatamente me subieron junto a ella
a un Renault 18 con vidrios negros
me cagué hasta el pecho
y así con el julepe me llevaron a un hotel
donde le pregunté sobre su vida
tenía novio
y cuando preguntó por mi rosario
le hablé de Dios.
Acabé con tristeza
católico, desorientado y arrepentido
y nos metieron otra vez
al 18 polarizado.
Cuando volví al prostíbulo
como un deja vu el vestido en red
la negociación
los viejos en plano inclinado
y sentí caminar por mi espalda
las hormigas
secándome.

Tardecita fresca


Cagabas al costado de la ruta
cuando te vi
temblando
en el barro sobre el alba
haciendo fuerza entre los churquis
sudando por la muerte cercana.
Cagabas en la banquina a toda velocidad
sintiendo en tus nalgas olímpicas el viento fresco y estimulante
de los autos que te ignoraban
bajo la soledad del camino y la grandeza de la pampa altísima.

Yo te amé fugaz desde el asfalto
pero seguí
camino de mis deberes madrugadores y dignos
y me fui secando
en cada metro
que me alejaba
de vos.


Deposición (en construcción)


Escribo en medio del ruido
como abriéndome la garganta en un grito de rabia
entre las luces y el estruendo
del alarido idiota de la normalidad.
No vivo en ninguna torre de marfil
mi casa es un cuerpo
mi amor es un baile
de euforia y abismo
como si estuviera gritando
al borde del precipicio.
Si hay descanso
es porque aprovecho la confusión
para que mis hermanas abran las piernas
y me liberen
por unos minutos
de esta claustrofobia.
Yo no sé,
tal vez sea por eso que no puedo
hablar sobre la luna como una estrella fugaz desviando tu mirada
¿qué puede importarme a mí
la luna?
si estoy ardiendo
en un odio enfurecido
contra todos ustedes.

Nadie podrá saberlo jamás


En un lugar desconocido
un hombre espera
el pelotón de asalariados tristes le apunta
en su corazón hinchado
y el hombre está arrodillado mirándolos a los ojos a todos a la vez
ve el abismo y los abraza en el amor
sin juicio
sin odio
y toda la vida le explota en el cuerpo que se estremece de adentro-afuera
y los abraza en esa vida y los contiene
la fuerza de la madre
hermanándose con ellos
que no imaginan no conciben una vida donde alguien
pudiera acaso
amarlos tanto.

Alegato


¿Qué querés?
¿Qué querés si se me sale sola la leche de la soledad?
¿Qué querés si me parece
una estupidez y una traición
desdeñar un orgasmo
de lo más fácil
si me niego indigno a la paja fugaz?
Decíme vos si no es
un intento desesperado
un grito de humanidad
una corrida sin aire hacia la felicidad
¿Un derecho humano también?
¡También!
La soledad es atroz, mi amor
la soledad es lo criminal
es la prisión que recibimos
por el milenario pecado original.
¿Cómo querés que salga yo de mí
por otro lado decíme vos?
Decíme por dónde que no sea por mi verga
a través de sus conductos en la forma viscosa y clara de la vida vana
¿Vos te negarías a un escape tan suave tan generoso tan humano
al vuelo gratis sin resaca de la paja en la que viajo?

Tierna infancia


Cuando niño soñé con un cadáver
acostado en las noches junto a mí
y besar su boca de ángel
amasar sus tetas blancas de madre de virgen de mujer.
Soñaba con tenerla sólo para mí
y no podía imaginarla de otro modo
que no sea muerta
como una incorrupta muñeca de carne y piel.

Teniendo en cuenta la distancia que nos separa
de aquel tiempo de ternura y perfección
les confieso en este punto
que no recuerdo si yo deseaba una mujer
o sólo un cuerpo
de mujer.
Lo que no podrán negar ustedes
son las convicciones
y es que el niño que yo fui
no podía imaginar a otra
que no fuera Eva Duarte de Perón
la expresión final del esplendor
en una cama de abuelos
dócil y con sus pezones rosados
y era el paraíso para mí.

La carrera


La mañana de un lunes te busqué
en el kiosco de revistas y de diarios
con mujeres jóvenes y viejos que vuelven de comprar los remedios
con estudiantes y policías
con taxistas
con empleados
en el supermercado una tarde de domingo
en la góndola de artículos de limpieza donde compré:
cera oscura, un trapo de piso, pastillas antipolillas
chocando mi canasto con el carrito de una lejana amante de ocasión
que alguna vez me cogió con el sabor de la resaca
saludándola con amabilidad sonriéndole ajeno
te buscaba mirando a todas partes
entonces ella se despidió
ya no tan amablemente y se fue
de la góndola del papel higiénico con su compra del mes,
yo recorrí el supermercado y todas aquellas tardes de domingo
llegando a los bares del barrio de los estudiantes
pero cada vez más viejo
cada noche más desesperado y más borracho
te busqué en el fondo de los vasos en botellas insuficientes en las mesas
donde conversan alegres las hermosas exponentes de la flor de la juventud
hurgando en el aire vigilando como un francotirador
en los cuchitriles donde personas salidas de relatos de ficción
acuden ansiosas y ultimadas
a recibir el poderoso estímulo ilimitado
el embate veloz de la vitalidad
entre el humo te busqué perdiéndome también en sus brazos
en su sudor
en la geografía de una espalda con lunares movedizos
en sus bocas que muerden y en sus fluidos vaginales me perdí
en sus culos flacos
en sus rodillas sangrientas
en sus alucinaciones
te busqué en sus vertiginosas habitaciones giratorias
y en trabajos que pagaron el alquiler y los lujos de la actualidad
en modos de vivir bajo los rigurosos mandatos del progreso humano
y ahí tampoco estuviste vos
en el cobijo cálido del cuerpo cansado de mujeres derrotadas y entregadas
donde eyaculé la sangre de mis heridas en cogidas urgentes y desesperadas
en conversaciones implacables en relatos imposibles en poses repetidas.
En las aulas donde se imparte el conocimiento
y alumnitos intentan conocer el perfume liberal
de las chicas estudiantes de arte
no estabas sentada en los bancos
donde se planearon hermosas revoluciones.
Como un huérfano
te busqué en días de semana en los bancos de los cines de las plazas
en angostas calles nocturnas en madrugadas calurosas
en almacenes de barrio en videoclubes en farmacias de familia
y una vez más
en bares cada noche perdí la noción y mi dinero y el camino de regreso
en el negro verde de botellas voladoras
ahogado en el vómito de un miércoles a la mañana
cuando los hombres dan un beso a sus esposas
llevan a sus hijos a la escuela y salen a trabajar
yo encontré un charco de desechos propios
que me acogió y me dio calor.

Huida


Celso se llamaba y casi lo besé
escapé veloz lo más rápido que me dieron las piernas
de su cara blanca y de sus grandes ojos tristes de vampiro
te busqué en la oscuridad boscosa y corrí
hundiendo mis pies en el acelerador y en la heterosexualidad
cruzando los semáforos el humo las luces
las botellas y los guardias de seguridad
huyendo de la caricia de dos vergas
iguales y redundantes
tropecé con un cordón y tumbé
yo y el auto y mi hombría también
ese julio a la madrugada
creyendo que moría te escribí
mensajes propios de un hombre
a una mujer.

En las grandes fiestas




Yo estoy con el que está sentado en la mesa hablando
porque su mujer ha muerto o su pierna le impide el baile.
Algún abuelo, un tío, un borracho
lejos del baile lejos
de las luces de la celebración
soñando entrar con vida y todo
en el interior de esas jovencitas tan felices y licenciadas.
Pero cuando todos bailan
cuando la fiesta está en su cenit
y hasta las más tías se entregan descalzas a la danza
yo desnudo quedo frente a todos
ya no hay nadie con quien hablar
aunque sea de los precios de la inflación
ya no hay refugio ni amparo ante el atroz embate de la felicidad
entonces doy vueltas
camino hasta la barra
me muestro en tránsito
simulo ocupaciones
voy al baño, busco imaginarios objetos perdidos en los bolsillos
miro a lo lejos algo que no existe
vuelvo a mi silla con gesto preocupado
y resisto
como puedo
las invitaciones tenaces de mis amigos
que repiten imbéciles
que vaya a bailar con ellos.
A bailar.
Es absurdo, pienso.
Pero no les miento,
-No, respondo,
y explico con calma mi motivo
que no comprenden y repiten la orden-invitación.
Entonces
si llegara tristemente un momento de debilidad o distracción
y de repente me encuentro caminando junto a uno de ellos
con destino de pista de baile y de celebración de la alegría
comienzo a sudar
y sin poder comprender en nada
qué es lo que estamos haciendo
muevo mi cuerpo como un confundido oso de gelatina
o como una vieja cortina agitada por un viento feroz
deseando con todas mis fuerzas y mi desesperación más auténtica
encontrar un salvoconducto que me devuelva a mis actividades propias del festejo
irme al baño, buscar algo que se me ha perdido en los bolsillos del saco,
acodarme a la barra, observar el salón,
conversar con el abuelo,
discutir las causas de la inflación.

Descargo



Ya debería haberme acostumbrado
lo admito
¿que no te cuente, que te avergüenza?
pero miráte
vos también en el espejo
como te miro yo
y vas a entender
por qué te tengo que dedicar
casi una paja al día
si pudieras verte
tan solo una sola vez a caballo de mi cuerpo
con los ojos apretados y estirando el cuello
elevándote hacia el cielo.
Vos también
te clavarías una
pensando en vos.